Y el vino hizo al hombre.

¿Qué es la vida sin vino? Esta pregunta, que tantas veces fue grabada en muchos recipientes populares del siglo XVIII, contiene implícita en su melancólica resonancia, el indefinible valor del líquido que recorre inmemorial e inmortal la historia, dando vida a toda nuestra cultura. Y es que la vida sin vino es, sencillamente inconcebible.

Gracias al vino, el hombre se irguió sobre la necesidad, se elevó sobre el imperio de la inmediatez y se acercó alos dioses mediante el el embriagador procedimiento de sentirse dios él mismo.

Es evidente que el vino, fruto del ingenio y del azar, acompañó desde siempre al hombre en su andadura terrena. En la biblia se menciona la viña, la uva y su efecto sobre el único hombre sabio y justo que mereció sobrevivir a la ira del Dios de Israel: “Noé plantó la viña, y habiendo bebido su vino, se embriagó”.

El libro sagrado habla de cómo las vides fueron traídas de Egipto, y con ellas se cubrieron montañas, alcanzando las cepas una altura similar a la de los cedros.

Más de 600 veces menciona la biblia con sabias palabras, la vid y el vino, en una sombrosa aportación de metáforas y proverbios que ilustran , mejor que nada la trascendencia del preciado líquido en la cultura judaica. Así como lo vemos en muchísimas culturas y religiones del mundo.

“Los árboles dijeron a la vid: ven tú a reinar entre nosotros. Les respondió la vid: ¿voy a renunciar a mi mosto, el que alegra a los dioses y a los hombres para vagar por encima de los árboles? (Jueces, 8.2). “No bebas vino hasta embriagarte, y no hagas de la embriaguez tu compañera de camino” (Tobías, 4.15), lo que no impide la alegre unvitación: “Comed amigos, bebed oh queridos, embriagaros” (Cantar de los Cantares, 5.1), o “Hartémonos de vinos exquisitos y de perfumes, que no se nos pase ninguna flor primaveral”. (Sabiduría, 2.7).

Claro que también hay lugar para el aviso al necio que bebe sin medida: “Con el vino no te hagas el valiente, porque a muchos ha perdido el vino…como la vida es vino para el hombre, si lo bebes con medida” (Eclesiastés, 31.25).

Fuente: El nuevo libro del vino. C.Delgado.

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