Sencillo manual que un buen aficionado no debe olvidar…

El vino no es sólo para comer, sino para disfrutar a todas horas.

Tener una mínima curiosidad por los vinos menos conocidos.

El sentido del olfato es el más importante. Nuestra boca sólo percibe las sensaciones de dulce, ácido, salado y amargo. Los sabores específicos de las cosas los procesa el olfato por vía retronasal (vía interior desde la boca al olfato) pero sólo los percibimos en el paladar.

La acidez se contrarresta con el azúcar y con el alcohol. Un vino de apenas 12º, pero con una acidez muy baja, nos parecerá más alcohólico que un vino de 14º con una acidez más alta. Y un vino dulce lo parecerá menos, si añadimos ácido tartárico (el ácido natural de las uvas), ácido cítrico (el de las naranjas, limones y pomelo) o ácido málico (el de las manzanas).

El vino tinto con el tiempo se va clareando, el blanco oscureciendo y el rosado estropeando.

En los tintos el borde violáceo en la copa es sinónimo de juventud; el borde anaranjado equivale a madurez; el borde ocre a declive. En los blancos, el borde amarillo pajizo significa juventud; el amarillo dorado, madurez, y el rojizo, declive.

Y lo más importante: seamos tolerantes y humildes con los gustos. Son las virtudes que se van adquiriendo cuanto más conocimiento de vino adquirimos.

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