Primera manifestación emotivo-espiritual con el vino.

Un día, entre mis catas personales, descubrí algo que nunca hubiese imaginado. Terminé mi jornada de trabajo en La Rioja. Estaba hecho trizas, ya que había sido un día muy duro. Me dispuse a apuntar los matices de un vino más, el cual no debo decir su nombre por respeto a las demás bodegas del mundo. Y en el mismo instante de saborearlo, noté algo sumamente placentero. Algo que hasta entonces sólo me había sucedido con la música. Se me puso todo el hemisferio derecho de mi cabeza completamente de carne de gallina durante el retrogusto final del primer sorbo. Surgieron varias emociones confusas. Me pregunté cómo podía haberme producido esas sensaciones y emociones un vino.

Desde entonces me dije: “Aprovecharé esta cualidad que me produce éste alimento tan complejo, e intentaré entenderlo y descifrarlo al máximo”. ¿Para qué? Pues para que los demás compartan mi emoción, y sean tan felices como yo al probar un buen vino.

Comenzamos a disfrutar…

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Discussions — One Response

  • Anonymous 3 diciembre, 2009 on 10:50 am

    ¿A eso se llama sensibilidad!
    Queremos aprender a disfrutar como tú Asier.

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