Olvidemos esa “crisis” y ¡adelante, que podemos con todo!

Nos quieren engañar mediante mensajes negativos. Creedme. Una cosa es que haya recesión y otra es que nos estén tocando las narices mediante mensajes negativos todo el santo día en todos los medios de comunicación. Acordaos de que Einstein decía que “somos lo que pensamos que somos, y al final ocurre todo lo que inventamos en nuestra mente”. Luego, tengamos muchísimo cuidado con lo que pensamos, de verdad.

Hoy, el día me ha hecho ver realidades que a veces no era capaz de asimilarlas. Me preguntaba por qué el ser humano tenía tantos altibajos. Por qué un día soy feliz y otro no sé cómo afrontarlo. Y es que hay días que, por mucho que me empeñe, no consigo que casi nada salga como yo quiero. Sacando conclusiones, y para ser breve, veía que cuando me ocurre esto, casi siempre encontraba un denominador común: un bloqueo debido a algún miedo. Parece mentira -me digo a mí mismo. Si cuando estoy ilusionado por algo me sale todo mejor, ¿por qué me olvido de ello? Algúnos días se me olvida recurrir a la magia de “la ilusión, de valorar todo lo que tenemos, de la búsqueda de pulir nuestra estatua como lo hacía Miguel Angel con su David, del recuerdo de que la vida es muy breve, de mejorar sin hacer daño a nadie, de intentar no engañar a nadie ni a nosotros mísmos”. Los días que consigo esto, hacen que al siguiente se me recargen las pilas muchísimo más. Y eso se contagia, y recargamos más al mundo y a los demás.

Ahora veo con claridad que los resultados dependen de la fe que tengamos en ellos y en nosotros, y del número de veces que lo intentemos. Pero, sobre todo, de nuestra ilusión. Y, ¿cómo he conseguido ilusionarme más? Dándome cuenta de que la vida es un regalo de un valor incalculable. Y además, me he preguntado: ¿cuánto me quedará? ¡Y yo qué sé! Aquí viene lo importante. No lo sé. ¿Lo sabe alguien? Pues no. Y, si no lo sabemos, ¿cómo puede haber gente tan adormilada en los puestos de trabajo? Sin ganas, triste, con cara de sueño, enfadada cada día. Todos hemos tenido algún o algunos días así. Somos humanos, pero remediémoslo.

Hay gente que no para de correr, y cuando les pregunto a dónde van tan deprisa, responden que no lo saben, pero que tienen mucha prisa. Y podéis creer que no lo saben. Sin ninguna duda además. Y te dicen: “tengo un stress estos días que no te puedes imaginar”. Y yo les entiendo, porque a mí también me ha ocurrido. Pero, ¿tiene algún sentido correr y no saber a dónde vas? Entonces, preguntémonos: ¿Qué narices es lo que estamos haciendo mal? Es dura la respuesta, pero he descubierto que casi siempre lo que ocurría es: “Que no estábamos escuchando a nuestro corazón”. Y para escucharlo ¿qué es lo primero que hay que hacer? Quererlo y preguntarle de verdad qué le ocurre, si estás a gusto con lo que haces y/o con cómo lo haces, si te aceptas a ti mísmo. Y nuestra respuesta debe de ser SI. Pensemos que la vida es cortísima y veremos cómo cambia toda nuestra perspectiva. Este regalo es para aprovecharlo a tope.

Con la vid pasa exactamente lo mismo. Vive prácticamente nuestros mismos años y tiene días tristes y otros no tanto. Y la maduración y crecimiento también deben ser lentos, y sabiendo con claridad a dónde se quiere llegar. Como el ser humano. Gracias a los viticultores que saben escucharla y la entienden.

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