No hay nada más bonito, en mi opinión.

No hay nada más bonito que ir a una feria de vinos a aprender y expresar con sinceridad las virtudes de cada vino y de cada bodega junto a su propietario, enólogo o bodeguero; desde nuestro humilde e ilusionado punto de vista. Desquitándonos de nuestro “ego”, sabremos que esa es la mejor forma de aprender de todos los productores que nos invitan a conocer su vino, su historia, su personalidad y trabajo. Escuchando a los bodegueros, siendo humildes, pero, sobre todo, siendo generosos y constructivos con las aportaciones. Sin guardarnos ninguno de esos aspectos positivos de sus vinos y regalándoselos a ellos, apuntamos sus virtudes, con el orgullo de ver que todos, compañeros enólogos y bodegueros, hacen lo mejor posible cada día en su trabajo. Al probar un vino debemos ser amables, agradecidos, sensibles y discretos, con sed innata de aprender y de dejarnos impresionar por la elegancia que tiene cada país y zona del mundo. Este artículo me lo ha inspirado una simple frase que he leído al levantarme hoy, que creo que es de los primeros indios: “ningún árbol tiene las ramas tan tontas que peleen entre sí”. No nos olvidemos nunca, por favor, que todos partimos de este mismo árbol, llamado Tierra. Para crecer como un árbol sano e indestructible hay que ayudarse, ilusionarse y animarse trabajando todos en conjunto, y no lo contrario. Viva la humanidad. Ni los políticos podrán con la fuerza del árbol. Feliz semana a todos.

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