¿Necesitamos mejor educación o una revolución? ¿Ocurre esto también en el mundo del vino?

Ayer oía un discurso en un programa norteamericano que creo que se llamaba “Ted talks”. Lo impartía una persona muy interesante para mí: Sir Ken Robinson. Hablaba de que deberíamos introducir en la enseñanza mundial una “revolución”. No una “evolución”. Ya no es una cosa que dependa de los políticos, ya que son muchos gobiernos los que han pasado por occidente y no han cambiado mucho las cosas en este ámbito. El sistema educativo curiosamente se encuentra prácticamente en la misma situación que hace 200 años. Si una persona viniera desde esa época a nuestro presente, se quedaría asombrado con todos los adelantos tecnológicos de los cuales disponemos, pero si lo llevaran a una escuela o cárcel, seguramente diría: “esto a mí me suena o lo reconozco. Es como en mi época.” Hoy quería referirme a esta tendencia de seguir estancados, evolutívamente hablando, en algo tan clave para la juventud como es la educación. Al fin y al cabo los niños y jóvenes son el futuro. Lo somos. Esto es algo que últimamente me preocupa mucho. Y pienso que deberíamos comenzar por lo más importante en mi opinión: centrarnos en que nuestros hijos y la juventud se diviertan para aprender. Es la única forma de ser creativo. Tienen que ir con ilusión a clase. Cuando tenemos ilusión por algo nos convertimos en seres creativos y eso nos hace aún más felices y a la vez más inteligentes globalmente.

Por otro lado, debemos concienciar a los niños y jóvenes para que se pregunten constantemente cuáles son sus talentos. No se puede marginar ni ahogar al talento. Ken comentaba en su brillante ponencia que hay tres ideas falsas sobre el talento: Una de ellas es decir que el talento es poco común en la gente o que poca gente tiene talento. La otra idea falsa es que el talento sólo se encuentra en determinados ámbitos. Y la tercera es que o bien tenemos talento o bien no, y no hay nada que podamos hacer sobre ello. Pues bien. Son ideas falsas las tres. No lo dudéis.

Un ejemplo son Paul McCartney y George Harrison. Sus profesores decían que eran un desastre para la música cuando eran pequeños. Y estamos hablando de “Los Beatles”. Pero algo dijo en su corazones más adelante que les apasionaba la música. Quizás dependía de la forma en que les enseñaban la música. ¿No creéis? No les incitaba pasión. Pero ellos ya la tenían innatamente en su alma.

Quiero que sepáis que todos tenemos talento.  Y que nuestra obligación es hacer lo posible para que todo el mundo lo encuentre y volvernos más creativos. Busquemos un sistema de educación que incite pasión por la gente que nos lee y escucha. Yo ya me estoy rompiendo la cabeza. Si encuentro la solución lo publicaré, os lo prometo. Haré lo imposible para que el mundo del vino apasione y dé felicidad a quienes les interese si quieren un poquito. Os lo merecéis.

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