Las copas

A la hora del servicio del vino es muy importante el recipiente donde vamos a degustarlo. Debe cerrarse lo justo o tener la suficiente curvatura, o ser lo suficientemente cóncavo como para que no se vayan los aromas con facilidad. Si los bordes de la copa fueran verticales y rectos en lugar de con una ligera curvatura, las moléculas aromáticas se escaparían tras chocar contra los laterales del cáliz (parte superior de la copa donde se deposita el líquido en cuestión) casi inmediatamente.

En principio hablaremos de las 4 copas básicas, de las cuales parten las demás.

En tintos:

1. La tipo borgoñesa: Es muy amplia y más abierta por los bordes superiores. Nos sirve para que el vino se nos oxigene , se nos abra y exprese más.

Se usa para los vinos tintos con cierta edad. Además, la mayoría de vinos borgoñeses de gran fama y calidad necesitan mucha aireación, y solemos jarrearlos a un decantador, dejándolos incluso hasta tres horas de oxigenación en dichos recipientes.

2. La tipo bordelesa: Es una copa en la que no hace falta que los vinos tintos se oxigenen tanto. Nos recoge más los aromas. Es para vinos más jóvenes, incluso si llevan crianza, pero que se tenga la seguridad de que se vayan a abrir rápidamente.

En blancos:

3. Para blancos jóvenes se suele utilizar una copa más pequeña, con menos capacidad, para que el vino se conserve más fresco. En caso de un blanco con barrica y más complejidad es más interesante que tenga mayor amplitud, ya que quizás haya más cantidad de aromas encerrados que necesiten aireación. La curvatura de la copa podría ser la misma que en las de tinto.

4. Y por último, para cavas y espumosos usaremos la copa flauta. Esta tiene el cáliz más alargado y estrecho, para que la burbuja fluya más fácilmente. Tiene menor curvatura, ya que los aromas se expresan con mayor soltura.

Disfrutadlas siempre que podáis. ¡Veréis que gran diferencia!

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