La importancia de la crianza en botella.

Siempre se ha pensado al hablar de la crianza que esta solamente tiene lugar en la barrica de roble. Hoy quiero dejar claro que “crianza = barrica + botella”. Sé que muchos lo sabéis, pero necesito que lo sepa todo el mundo. Para que un vino de crianza pueda consumirse en buenas condiciones y esté algo redondeado y suave al paladar, ha de pasar obligatoriamente algún tiempo en silencio y a oscuras, reposando en la botella, donde los procesos oxidatívos se aminoran y ralentizan hasta su desaparición. Es en esta ausencia de oxígeno donde se integrarán los componentes sápidos. También se armonizarán y harán más complejas las sensaciones olfativas. Lo ideal sería que la botella se encontrara de 12º a 16ºC. Sin embargo, este ambiente aislado del exterior sólo es posible con un corcho en buen estado, que permanezca en contacto continuo con el vino para evitar que se reseque y pierda elasticidad. (Nota para coleccionistas: un corcho bueno es imprescindible, pero tiene una durabilidad media de unos 20 años. Pasado ese periodo deberemos cambiarlo ante un notario que certifique que no ha habido ninguna manipulación de dicho vino durante la reposición de otro corcho igual).También el cristal de vidrio es el responsable de que un vino alcance su plenitud y finura. Por supuesto, el envejecimiento en botella no es igual para todos los vinos: es muy superior en los tintos; generalmente necesitarán de dos a tres veces más de tiempo en botella que en barrica de roble. Y no todos soportarán de la misma forma su paso por la barrica: para que no se coma al vino que entra en ella necesitamos tener los suficientes parámetros de tanínos, alcohol y acidez, y también nos ayudarán a que el precioso líquido tenga una larga capacidad de conservación y evolución en la botella. Es por esta razón, la de la necesidad de que el vino mantenga unos parámetros óptimos para soportar la madera en la que se cría, que cuando tomamos un vino directamente de la barrica nos parece menos expresivo, más concentrado y vasto. En consecuencia, decimos que ese vino está “duro”. Vamos, que todavía le queda reposar en botella como mínimo 6 meses . En España los bodegueros tenemos que aprender a tener paciencia y no cometer “infanticidios” al degustar  tan pronto los vinos por el afán de ganar dinero cuanto antes, o porque se acercan las navidades para venderlo “ya”. Más de un vino duro me ha amargado la noche vieja, incluso después de haber pagado una jugosa cantidad por él en la vinoteca.

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