Escuchar al cuerpo y al vino.

A veces es tan difícil entender un vino como a nuestro cuerpo. Lo comparo con el organismo humano tan solo  por lo vivo que está en todo momento, y por lo que puede cambiar con el tiempo y con su entorno. Al fin y al cabo los dos ejemplos son pura energía. También lo comparo con los momentos en que empiezo a entrenar corriendo por un lugar tranquilo. Voy escuchando a los músculos, órganos, y a veces hasta a cada poro de mi piel. En silencio. Preguntemos a nuestras células qué tal van, ya que a veces les exigimos mucho desde el primer día de nuestro planning de entrenamiento. Claro, ese primer día es duro, y lógicamente oímos quejarse más a esas zonas que peor lo llevan. Normalmente son las que más nos molestan el día después, por las temidas agujetas. Cuando ya llevamos una semana entrenando le entendemos mucho mejor, y eso nos va gustando cada vez más. Descubrimos más sensaciones. Hemos establecido una armonía con ese enorme y maravilloso conjunto de células del que estamos hechos, y les vamos mandando mensajes continuamente. Dialogamos con el cuerpo aunque no seamos del todo conscientes de ello. Y podemos asegurar que nos escucha. Aumenta nuestra recuperación.

Con el vino siempre he pensado que ocurre lo mismo, ya que si llevamos mucho tiempo sin catarlos, nuestros cilios y receptores olfativos se van desajustando y volviendo algo más torpes. Pero sobre todo y a donde quería llegar es que deberíamos escuchar seriamente al vino en profundo silencio. Preguntarle con qué nos quiere sorprender cada día que catemos, y estar muy, muy concentrados en esa aparente y sencilla acción de sacar aromas. Esas son las catas que más he disfrutado, al menos yo. Cuando hay silencio y ausencia de emociones sobre todo antes de empezar a catar. Intentemos coger hábito de escuchar a nuestro cuerpo y al vino en silencio, concentrados. Yo he comenzado a meditar 10 minutos según me despierto por la mañana y todo va encajando mucho mejor durante el resto del día. El vino también necesita silencio para madurar mejorando. Además, meditar cada mañana sirve para planificar la jornada mucho mejor. Solo es mi opinión, pero ¡funciona! A veces el cuerpo y el vino piden sileeeencio… Probad y veréis.

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