¿Es una moda el estilo de vinos de hoy que algunos creen Parkerizado, o es mucho más?

Es cierto que en cuanto a la supuesta moda de vinos dentro del panorama mundial, las cosas han cambiado desde que existe Parker con su revista Wine Advocate. Sabemos que hace 10 o 15 años se puntuaban con las notas más altas a los vinos más esbeltos o con menos cuerpo, sin empuje, sin casi longitud en boca y se creía que estos vinos estaban bien pulidos, eran elegantes, etc.

Hoy, desde que Parker comienza con esa nariz, tan entrenada que posee, a diferenciar, ensalzar y hablar de los vinos que le emocionan, percibimos que todos los vinos elegidos son muy complejos. Y no tengo la menor duda de que le emocionan, porque he comprobado que a mí también lo hacen  increíblemente. Lástima que  suban tanto su precio inicial después de puntuados. Y es que, como siempre digo, lo que emociona en un vino es la complejidad. Lo mismo que en perfumería. No lo dudéis.

Por otro lado, he de deciros que yo siempre he analizado en bodega los vinos en plena postfermentación, es decir, una vez metidos a criar en barrica, y considero que pulir un vino poco expresivo cuesta menos trabajo que pulir uno complejo. Y entro en debate con todo el mundo anti-Parker afirmando que todo alimento que no es muy complejo no tiene mucho misterio el pulirlo. Tampoco digo que no tuvieran finura los vinos clásicos, pero sí que casi no tenían estructura ni longitud. Y no hablo de potencia, vigor, concentración, jugosidad ni carnosidad que, por cierto, muy pocos la tenían. Entendiendo por finura, no tanto el potencial frutal crudo de la uva como de la profundidad añadida que aportan la crianza y el tiempo. La delicadeza del ‘bouquet’ que le aporta la madera. Y se la aportaba, pero dando unos tonos excesivamente animales y de ese único matiz en la mayoría de los casos. Eso ocurria más bien porque no importaba tanto como hoy renovar el parque de barricas (que nunca ha tenido una normativa que diga cuál es el tiempo mínimo para limpiarlas o desecharlas), por lo que no aparecía la limpieza de aromas a cedro, vainilla, clavo, café, cacao, etc. que hoy aportan las nuevas barricas al vino. Por lo tanto, aunque yo no sea muy partidario de que los vinos huelan mucho a madera, cuando está bien integrada con la fruta del mismo, bienvenida sea. Es un lujazo oler a limpio: a madera limpia. Y eso no es Parkeriano. Es de sentido común. Al ser humano le encanta oler a limpio, más que a sucio, aunque también dicen algunos, que depende de los casos…

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