Entre el arte y las matemáticas: la complejidad que existe en la sencillez.

Ayer veía un programa que hablaba de los mayores especialistas del mundo en origami o papiroflexia. Son grandes matemáticos, pero yo los considero también artistas. El documental cuenta que cualquier parte de las matemáticas está dentro de las teorías geométricas de los prismas con que trabajan para hacer figuras maravillosas. Pero lo que me llamó mucho la atención es que habían llegado a la conclusión de que las figuras más milagrosas y a su vez de aparente complejidad salían de las formas más simples de elaborar. Me explico: de solo unos pocos pliegues salía un “paraboloide hiperbólico”, la estructura más bella, elegante, pero a la vez sencilla de realizar. La más utilizada en arquitectura, sobre todo para la construcción de cubiertas o tejados.
Los grandes artistas decían que cuantas más figuras complejas y de difícil elaboración construían, más disfrutaban con las simples, ya que de ellas partía todo esquema matemático más complejo. Prefieren permitir, al realizarlas, mayor paso a su propia intuición y al arte de lo sencillo. Según ellos no se puede crear solamante con la parte racional de nuestro cerebro, y tenian que dejar expresarse a la parte más artística. Es como si al final fueran todos ellos embaucados sin saber por qué por la simplicidad que proviene de su cerebro emocional. Sin tanto esfuerzo racional. Pensé que lo mismo ocurría con Picasso, que al final de su vida experimentaba creando obras con los mínimos colores posibles dejando así salir toda la magia del corazón y de la parte no racional. El no sabia ni por qué le ocurría esto. Creaba sin pensar.
Por eso, inmediatamente lo relacioné con los vinos que a mi más me están empezando a sorprender, que a la vez son con los que me inicié en la cata: con los de mayor simplicidad aromática y a la vez los de más fruta, colores vivos y juventud, que además transmitían mejores sensaciones al paladar y al espiritu: los maceración carbónica. Pero es que además, partiendo de la base de que mediante ellos se descubrió el vino espontáneamente en las primeras civilizaciones que elaboraron vino (Mesopotamia) son más fáciles de elaborar, vendimiar y a su vez más baratos, tienen cuerpo, estructura, longitud, acidez, fruta, tanino suave, etc. Lo tienen casi todo. Y es que para los grandes vinos de hoy se están utilizando como parte de su elaboración los de este tipo, para conferirles fruta y vitalidad. 
Retomando la relación con el paraboloide hiperbólico, del vino más sencillo también parten formas complejísimas y majestuosas, creando un vino de alta expresión. 
Sabemos que el universo impone sus propias reglas. Por eso seguiremos investigando para conectar el arte de la sencillez con la complejidad. Y eso me recuerda lo que decía Einstein: “La simplicidad de la unidad y la complejidad dentro de la misma es la ley suprema del universo”.
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