El arte de la cata (VII)

El olfato (III). Cómo hablar con la nariz

Lo primero que definiremos es la intensidad del aroma percibido: si es débil, moderado, fragante, palabras que se definen por sí mismas. Luego, algunas de sus características físicas: punzante si impresiona la nariz con fuerza pero agradablemente; agresivo si esta fuerza resulta algo excesiva; sutil si se expresa delicadamente. Por sus cualidades hablaremos de fino -sin confundir con el generoso- si su aroma resulta estilizado; elegante cuando está formado por aromas sin estridencias; armonioso si nada destaca y todo está conjuntado; con carácter cuando su impronta aromática tiene personalidad y está bien definida; si lo es por el varietal debemos hablar de tipicidad: franco o nítido cuando los aromas se perciben limpios. En cuanto a su naturaleza dominante, podrá ser afrutado, floral, especiado, o de crianza. A partir de ahí intentaremos precisar las frutas, las flores, la gama aportada por la crianza, los aromas vegetales o animales, etc.

Y naturalmente, podremos hablar sobre la calidad de sensación olfativa, utilizando con rigor algunas de las expresiones  habituales que se definen por sí mismas: delicado, vaporoso, expresivo, vigoroso, fragante, extraño, limpio, muy varietal….o bien: desagradable, débil, sucio, cerrado, alterado, apagado, etc. Sensaciones globales que pueden enriquecer la descripción más detallada de los distintos aromas descritos en secciones anteriores, incluida la de defectos.

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