De vuelta al origen de un vino nuevo.

Muy buenas a todos los que confiáis en mis emociones, en mi forma de ver la vida. Y a los que no, también. Por fin ha terminado, y casi conmigo, esta ardua vendimia y ya puedo volver a ocuparme del blog. En esta ocasión quería comentaros mi experiencia de este pasado jueves, tras catar más de 50 vinos en la “Feria Peñin 2012 mejores vinos de España”. Entre muchos vinos, encontré en uno la frescura, frutosidad, las notas balsámicas de eucalipto, menta, hinojo, laurel, romero y tomillo, que le han transmitido las características de su paisaje. Consiguió emocionarme, sentir lo que hacía mucho tiempo que no sentía con prácticamente ningún vino. Sentir en el tacto en boca, como si estuviera tomando un caramelo fresco y dulce a la vez, pero a la vez ácido y voluminoso, aterciopeladamente sedoso, sutilmente amargo y con un postgusto largo, largo largo.. ¿cómo voy a lograr no emocionarme? Pues tanto es así, que este fin de semana apareceré allí, en su lugar de procedencia, a oler esos mismos aromas que posee en la copa. Nace en un lugar salvaje y tan especial como especiado, a las orillas del Sil. Necesito ir a esa viña y oler su entorno, sus eucaliptos, pinos, helechos y un largo etc. Sentir, oír, tocar su suelo, ver lo que ella percibe en todos los amaneceres en los que despierta buscando luz, alimento y agua. Es otro ser humano al que me quiero acercar a darle la mano. Gracias otra vez, Riveira Sacra. Tienes algo sagrado en tu “terroir”.

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