Comparativa vida y vino

Estos días he terminado de leer un libro muy interesante que hablaba de la forma ideal de vivir y quisiera compartir las analogías que he visto en sus mensajes vitales con el vino.

El argumento del libro se podría resumir en que es muy importante escuchar al corazón y actuar según sus dictados. Después simplemente debemos creer con toda el alma en lo que soñamos, pues con toda seguridad se hará realidad. Algo muy importante que no debemos olvidar tampoco es que el éxito externo no significa nada, a no ser que tengamos éxito interno.

Además incluye siete pasos importantísimos que no debemos olvidar a la hora de actuar: dominar nuestra mente, seguir nuestro propósito auténtico en la vida, practicar la “mejora continua”, vivir con disciplina, respetar el tiempo que disponemos, servir desinteresadamente a los demás y, por último, abrazar el presente.

Sé que todos damos estos consejos por sabidos, pero suelen olvidarse. Conviene recordarlos diariamente.

Pues bien, junto a esto, lo que más me ha llamado la atención es que en la vida existen tres espejos: el que nos refleja quienes somos a nuestro modo de ver; el que refleja quienes somos al modo de ver de los demás y, el tercero, el que refleja “quienes somos de verdad”. Pues en el vino ocurre lo mismo. Al catarlo está lo que percibimos nosotros; por otro lado, está lo que perciben los demás catadores, y, por último, está lo que el vino realmente “es”. Por eso nunca nos cansaremos de estudiar e investigar lo mejor posible a dicho alimento vivo. Ya que es como la vida. La realidad no tiene nada que ver con la forma en que la percibimos los humanos, aunque pensemos que nos acercamos a ella. Por eso debemos respetar siempre las opiniones de los demás.

Siempre he tenido fe en que llegue el día en el que todos, sin ánimo de enjuiciar, simplemente deleitándonos al probarlo, comprendamos lo que un vino “ES” verdaderamente: su más pura esencia. El cariño y esfuerzo con que se ha elaborado y criado. Y entenderlo, no valorarlo. Es como cuando me preguntan por qué me gusta tanto andar en bici. No suelo responder diciendo “porque es una forma de vivir”, sino que digo que es “una forma de ser”. Con el vino me pasa lo mismo. Forma parte de mi ser.

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