Casar comida y vino: Platos ahumados, picantes y afrutados.

Los platos ahumados necesitan vinos con bastante carácter para hacer frente a la fuerza del ahumado. Un salmón ligeramente ahumado es un acompañante clásico de un Champagne Brut; las carnes ahumadas, como el cerdo por ejemplo, pueden beneficiarse de un vino de ligero dulzor como el de los Rieslings alemanes; y los ahumados a la brasa favorecen el acompañamiento de vinos con mucho roble como el Shiraz australiano. Cuanto más ahumado sea el plato, más roble deberá tener el vino.

Las comidas picantes se combinan mejor con vinos procedentes de uvas muy maduras y jugosas en cuanto a fruta se refiere. Sin o con poco roble (muchas especias acentúan el sabor del roble). Vinos como el Sauvignon Blanc de Nueva Zelanda van muy bien con platos muy picantes, al igual que el Merlot chileno. Vinos especiados como el Gewürztraminer pueden también complementarlos muy bien. (Cuando describimos un vino, el término especiado puede referirse a un número de diferentes aromas y sabores como pimienta blanca, pimienta negra, clavos, canela, nuez moscada y jengibre). Especies picantes, como el chile, reducen el dulzor de un vino y pueden hacer que los tintos secos parezcan más astringentes.

Sabores afrutados en un plato pueden maridarse con vinos afrutados y florales. Por ejemplo, un Muscat puede casarse/maridarse con una ensalada de frutas.

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